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julio 05, 2007

experiencia beckettiana...

Últimas horas de la tarde, dentro de algún tiempo.
El cuchitril de KRAPP.

Centrada en primer término, una mesa pequeña y un archivero cuyos cajones se abren hacia el espectador.

Sentado, de frente, es decir, del otro lado del escritorio, un viejo deformado; KRAPP.

Pantalones estrechos, demasiado cortos, de un negro descolorido. Chaleco negro muy deslucido, con cuatro bolsillos holgados. Pesado reloj de plata, con cadena. Camisa blanca, mugrienta, desabrochada, sin cuello.

Tez blanca. Nariz violácea. Pelo gris en desorden. Mal afeitado.

Muy miope (pero sin gafas). Duro de oído.

Voz cascada. De tono muy particular.

Andar penoso.

Sobre la mesa, un magnetofón con micrófono y numerosas cajas de cartón que contienen bobinas con cintas grabadas.

Mesa y alrededores inmediatos bañados por una luz intensa. Resto de la escena en la oscuridad.

...

CINTA: Espiritualmente, un año de lo más negro y pobre hasta aquella memorable noche de marzo, en el extremo del muelle, bajo el ventarrón, jamás lo olvidaré, en que todo se me aclaró. Al fin, la revelación. Me imagino que esto es, sobre todo, lo que debo grabar esta noche, pensando en el día en que mi labor esté concluida y ya no quede sitio en mi memoria, ni frío ni cálido, para el milagro que... (vacila)... para el fuego que la abrasó. Lo que entonces vi de repente, fue que la creencia que había guiado toda mi vida, es decir... (KRAPP desconecta el aparato con impaciencia, hace avanzar la cinta, conecta de nuevo)... grandes rocas de granito y la espuma que brillaba a la luz del faro, y el anemómetro que daba vueltas como una hélice; veía claro, en fin, que la oscuridad que yo siempre había rechazado encarnizadamente era, en realidad, mi más... ("¿Querida aliada?"*)

. . .

La última cinta de Krapp, Teatro Juárez. by jaz

CINTA:... cascallejas me respondió. Volví a decirle que aquello me parecía inútil, y que no merecía la pena continuar, y ella dijo que sí sin abrir los ojos. (Pausa.) Entonces le pedí que me mirase y al cabo de unos instantes... (Pausa)..., al cabo de unos instantes lo hizo, pero sus ojos eran como grietas por culpa del sol. Me incliné sobre ella para darle sombra y los ojos se abrieron. (Pausa.) Me dejaron entrar. (Pausa.) La barca se había metido entre las cañas y se quedó encallada. ¡Cómo se doblaron, con un suspiro, ante la proa! (Pausa.) Me deslicé por encima de ella, el rostro contra sus senos, y mi mano sobre ella. Estábamos allí, tendidos, sin movernos. Pero debajo de nosotros todo se movía y nos movía, suavemente, de arriba abajo y de un lado a otro.

(Pausa. Los labios de KRAPP se mueven en silencio.)

Pasada medianoche. Jamás conocí silencio semejante. Como si la tierra estuviese deshabitada.

(Pausa.)

Y aquí termino esta cinta. Caja... (pausa)... tres, bobina... (pausa)... cinco. (Pausa.) Quizá mis mejores años han pasado. Cuando existía alguna posibilidad de ser feliz. Pero ya no querría tenerla otra vez. Y menos ahora, que tengo ese fuego en mí. No querría tenerla otra vez.

(KRAPP permanece inmóvil, con los ojos fijos en el vacío. La cinta continúa rodando en silencio.)

La última cinta de Krapp, Teatro Juárez. by jaz

T E L Ó N



Textos: Fragmentos de "La última cinta de Krapp", de Samuel Beckett.

Fotos: "La última cinta de Krapp", Teatro Juárez, 23/jun/07 (Teatro Gótico y Pleroma Ediciones). Jaz.

*Después de leer "La expresión mendiga", de N. Cabral.



mayo 15, 2006

como esperando a Godot...

Días de nubes, relámpagos y lluvia, me gustan, llegan de repente como un remanso frente al sol y al calor característicos de la temporada. Hoy la tarde es así en Guanajuato, no hay sol y llueve, el cielo truena; recién terminé de leer un ilustrativo y divertido drama, perfecto para estos días nublados y húmedos en los que Sigur Rós me hace compañía, en dicho drama se enfrentan cinco dramaturgos del siglo XX, y en él se imita las formas con las que se identifica a cada uno de ellos: el drama de tesis de Shaw, el metateatro de Pirandello, el drama didáctico de Brecht, el teatro del absurdo de Ionesco y la farsa metafísica de Samuel Beckett. El drama se titula: Dr. Godot o Seis personajes en busca del decimoctavo camello. Una farsa metadramática.*

La escena sucede en la sala de lectura de un hospital psiquiátrico de Palo Alto, California, en la unidad de esquizofrénicos. En la sala se encuentran casi siempre los mismos pacientes. Son cinco hombres, y todos tiene algo en común: cada uno de ellos cree ser un gran dramaturgo del siglo XX. Por eso se hacen llamar por los nombre de estos dramaturgos, e incluso los médicos los llaman así: Shaw, Pirandello, Brecht, Ionesco y Beckett. A través del diálogo los personajes exponen y defienden sus posturas filosóficas y cuestionan las de sus compañeros, establecen sus diferencias y a través de ellas se dan cuenta de lo que tienen en común: la esencia del drama moderno, la representación del carácter autorreferencial de la comunicación privada por medio de la autorreferencialidad. El observador es parte integrante de lo que observa, una observación es siempre autorreferencial en la medida que remite al mismo sistema que la realiza, y la observación de la sociedad resulta como inherentemente autorreferencial, dado que cualquier actividad solamente puede tener lugar dentro de la sociedad; me sorprende lo difícil que resulta comunicarse, y como esta incomunicación enfatiza la extrañeza y el aislamiento humanos.

Dice el personaje de Shaw: Pero en los dramas de Sam y Eugène, los espectadores nunca salen de su incertidumbre; los personajes siempre saben más que el público; se presuponen cosas que no se explican jamás. ¡Vosotros convertís al público en un ser absolutamente marginal y no le dais ninguna información! (lo comprendo, cierto 'personaje' me tiene a mí en la misma incertidumbre...)

Más adelante el personaje de Pirandello apunta: Mis dramas se inspiran precisamente en la experiencia de que el intento desesperado de comunicarse acaba impidiendo la comunicación, en la experiencia de que cada uno de nosotros está herméticamente encerrado en su propio mundo interior. (A veces estoy firmemente convencida de mi capacidad para darme a entender, pero comienzo a creer que con ciertas personas soy incapaz de comunicarme...)

Disfruté mucho esta lectura que trata de ilustrar que forma y contenido en comunicación son inseparables. Según el autor como en las situaciones conflictivas íntimas no suele haber más que íntimos conflictos comunicativos, la comunicación se convierte en algo interminable. El drama moderno extrae de aquí su tema y su forma, tomando como tema precisamente su medio -la comunicación misma-; de este modo se vuelve paradójico, contradictorio, desconcertante y absurdo. (Aquí me acordé de lo que dice Woody Allen al final de Annie Hall, ahora entiendo por qué me causó ruido entonces, lo escribí acá)

Mi lectura vespertina me hizo pasar un buen rato y me puso a pesar: analicé las formas y contenidos en mi comunicación con mis semejantes y me hice una autocrítica, no salí muy bien librada por cierto, los problemas de comunicación están por todas partes.


* Dietrich Schwanitz, La cultura, Madrid, 2002. pp. 254-273.

marzo 01, 2006

Lecturas...

del gran novelista ruso que escudriñó hasta el fondo de la mente y el corazón humanos:

Se sacó el papelito del bolsillo y empezó a besarlo. Al poco rato se detuvo y siguió reflexionando: "Que extraño es, que extraño", se dijo con cierta tristeza. Incluso en los momentos de mayor alegría se sentía un poco triste sin saber por qué. Miró en torno suyo y se sorprendió de hallarse ahí. Estaba cansado. Fue hasta el banco y se sentó. A su alrededor todo estaba silencioso, inmóvil. La música había cesado. Ya no debía haber un alma en el parque. Serían más de las once y media. Hacía una noche serena, tibia, clara, una típica noche petersburguesa de principios de junio; pero en el parque, frondoso y sombrío, reinaba la oscuridad.

Si alguien le hubiera dicho en aquel momento que estaba enamorado, apasionadamente enamorado, habría rechazado la idea con asombro e indignación. Si ese alguien hubiese añadido que la carta de Aglaya era una carta de amor y la cita, una cita de amor, el rostro se le habría cubierto de rubor y quizá habría desafiado a quien así le hablaba. El sentía todo aquello con absoluta sinceridad, sin admitir ni la más mínima posibilidad de que la joven le amara o que él amara a la joven. Sólo el pensarlo le daba vergüenza... Le parecía monstruoso que alguien pudiera enamorarse de él, de un hombre como él...

F. Dostoievski


P.D. Claro que ya no es el siglo XIX, el papel se ha sustituido ahora por la pantalla de una computadora...