mayo 04, 2009

Murakami


Admiro y respeto a muchos autores del mundo, sin embargo sólo tres me generan devoción y adicción.

Kieślowski fue el primero (1995), lo descubrí a través de Bleu en la cineteca, nunca había visto algo que, siendo tan bello y profundo fuera a su vez tan brutal, y que me llegara directo al alma haciéndome sentir a la vez sacudida y comprendida, en ese entonces no me explicaba el por qué, años después comprendí la causa de mi identificación con Julie (protagonista del film) y el por qué Bleu me sacudía de aquella manera a través de mi segundo autor (2005), Žižek, en uno de los primeros libros que de él leí, explica: “la vida se vuelve repulsiva cuando se desintegra la fantasía mediadora que nos separa de ella, y nos vemos directamente confrontados con lo Real; lo que Julie logra hacer al final de la película es justamente restituir su marco imaginario”, y concluye: “Azul (Bleu) no es pues, una película sobre el lento proceso de recuperación de la capacidad de enfrentarse a la realidad, de integrarse en la vida social, sino más bien una película sobre la construcción de una pantalla protectora entre el sujeto y lo Real en bruto” *. Es algo complicado para ponerlo en pocas palabras, lo que quiero dar a entender con el ejemplo es que me he sentido identificada y comprendida con y por estos autores, ha sido como decir: todo esto que yo tengo en la mente y siento en el alma, todo esto que me inquieta, me sacude, me incomoda, me cuestiona, me atormenta, ya ha sido pensado, sentido y puesto en palabras e imágenes por alguien más, y mientras más me acerco a ellos a través de sus obras más me conozco y comprendo a mi misma. En cierto sentido yo no he descubierto esas obras, son esas obras las que me han descubierto a mí.

El año pasado comencé a leer a mi tercer autor, Murakami. Compré TOKIO BLUES Norwegian Wood en la Gandhi de López Cotilla un domingo cualquiera en Guadalajara, era la edición costosa ya que la de bolsillo aún no se publicaba, buscaba algo nuevo a lo que estaba acostumbrada a leer y no me equivoqué en mi elección (cosa rara porque suelo equivocarme frecuentemente en todos los aspectos, ¡oh sí!). Para comenzar debo decir que leer a Murakami es delicioso, es un extraordinario narrador que con palabras te embebe en la historia, para cuando te das cuenta ya estás sumergido en ella, viendo y sintiendo lo que los personajes experimentan (es todo un viaje). Una vez que comencé con la lectura no pude parar, digo, no leí el libro de una vez, pero sólo lo abandonaba cuando los ojos se me cerraban de sueño, y para retomarlo al día siguiente como a eso de las 9:00PM, cuando mis obligaciones diarias así me lo permitían.

La narrativa mágica, la estructuración de las historias, la literatura referenciada, la música que la acompaña (quien haya leído a Murakami sabrá de lo que hablo) y las reflexiones que de todo ello hacen sus personajes, hacen que disfrute de las historias y me vea reflejada en ellas. Los personajes llegan a conclusiones similares a las que yo he llegado sobre diversos temas, aunque a veces ellos se me adelantan y cuando yo aún estoy divagando sobre cierta cuestión en mi mente, ellos me plantean la solución de una manera tan diáfana que me digo a mi misma: -ya decía yo, ‘los árboles me impedían ver el bosque’, metaforizar era lo que necesitaba, tal como dice Goethe: “ Todas las cosas de este mundo son una metáfora”-.

Una de las frases que recuerdo me hizo dibujar una sonrisa de satisfacción y empatía fue una observación que hizo Watanabe, personaje principal, mientras hablaba sobre la tragedia griega y sus autores: Eurípides, Esquilo y Sófocles, la frase era: “¡Sería tan cómodo que existiera un deus ex machina en el mundo real! ¿No le parece? Cuando alguien pensara: ¿Y ahora qué hago? ¡Estoy atrapado!, un dios bajaría deslizándose desde lo alto y lo resolvería todo. Nada podría ser más fácil.”

Ahora me encuentro leyendo Kafka en la orilla, me sorprendo a cada nuevo capítulo que inicio. Desde el primero una frase me golpeó: “Con lo vasto que es el mundo, a ti te corresponde un espacio minúsculo –y ya te parece bien que así sea-, pero éste no figura en ninguna parte”, y entonces lloré. Para cuando esto escribo he dejado la lectura en la página 181, aún me encuentro lejos de llegar a la mitad, el libro es voluminoso, 714 páginas, y me alegra que así sea, porque no quiero que se acabe... =)

En una de las lecturas que hace Kafka Tamura, protagonista de la novela, me descubre a Natsume Sōseki y su obra El minero, por lo que comenta de la historia (un estudiante universitario de Tokio por alguna razón comienza a trabajar en una mina en donde sufre experiencias muy duras y al final regresa al mundo exterior) me remite a Kontroll de Nimrod Antal, película húngara de la que escribí hace rato, pero también me remite a mi ciudad natal, Guanajuato, de vocación minera y con una orografía tan difícil para el tránsito que tenemos calles subterráneas para comunicarnos adecuadamente. Y entonces trazo paralelismos entre lo que dice Murakami, Antal y lo que me transmite mi ciudad con su configuración, después de todo, “todas las cosas de este mundo son una metáfora”, y es así que comprendo de donde viene mi profundidad y el por qué no puedo ser de otra manera, es así que comprendo la frase de Žižek en The pervert’s guide to cinema: “El abismo máximo no es el físico, sino el abismo ante la profundidad de otra persona”, entonces entiendo mi gravidez y el impacto que les genera a aquellos que no pueden ser otra cosa sino ligeros y volátiles, son leves y su levedad les resulta insoportable (¡Sí, cómo el título de la novela de Kundera!), pero no logran descubrirlo.

Volviendo a Murakami, después de hablar sobre El minero se dice que no es la mejor obra de Sōseki, pero que es esa imperfección lo que cautiva el corazón de las personas, “y una imperfección rebosante de calidad estimula la conciencia, mantiene alerta”, y entonces comienzan a hablar de la música de Schubert y sus intérpretes (Schubert es difícil de interpretar), y me encanta lo que concluye uno de los protagonistas sobre su música: “la música de Schubert es para desafiar las maneras y desgarrarse. Esta es la esencia del romanticismo, y la música de Schubert está, en este sentido, en la flor del romanticismo”.

Ahora me han entrado ganas de escuchar La Inconclusa (y me acuerdo de aquel post que escribí hace tiempo sobre una velada musical llena de metáforas) y de seguir leyendo a Murakami, que en estos días aciagos se ha convertido en una excelente compañía para mis tardes-noches.

Así mis autores favoritos, así mi relación con ellos, así la vida, así las cosas.



Ah, antes de terminar, sobre la epidemia diré que no he usado cubre-bocas y sigo mi vida normal, no me asusta enfermarme, no me asusta morir, recuerdo otra de las frases de Murakami en Tokio blues: “La muerte no se opone a la vida, la muerte está incluida en nuestra vida”. Y como dice mi amigo J. al concluir su último post que me parece genial: “viva la pandemia y espero no les quede huella de las cicatrices del cubrebocas, total si el mundo se ha de acabar no creo que nos avise”, J. es grande.



* Žižek, Slavoj; Lacrimae Rerum, Ensayos sobre cine moderno y ciberespacio, pp. 73 y 81.

3 comentarios:

enrique ponce mendoza dijo...

wow!!! que hermoso. me gustó mucho. lo leí de principio a fin sin detenerme, disfrutándolo. normalmente los post largos no los leo. pero este tenía un imán único.quizás era el comentario de tu amigo J. :)

espero algún día poder leer a tus autores favoritos, ya que no se trata de leer por leer, sino de leer para destapar nuestro espíritu.

saludos desde méxico. cuídate con o sin tapabocas. :)

byebye

Andrea dijo...

Hola!! mi nombre es Andrea Viedma y estaba leyendo tu blog y me parece muy interesante, sobre todo esto que escribes de Murakami, yo soy gran admiradora de él. Pero bueno te escribo porque estoy realizando un proyecto de monitoreo de ciudades en cuanto a cultura y me encantaría que nos apoyaras!!! Si te interesa escríbeme a andrea@mandalah.com, lo antes posible y te envío toda la información y la invitación al proyecto.

Espero te interese.. muchas gracias!

Pedro Daniel dijo...

Que atractivo resulta un autor narrado por una de sus lectoras, Murakami es para mi ahora un trago delicioso a un mundo exclusivo al que cada que lo leo me siento pertenecer, realmente me gusto tu entrada, hoy compre uno de sus libros uno de los que me faltaba leer "al sur de la frontera, al oeste del sol" y ahora no puedo dejar de leerlo, me gusto tu blog, te invito al mio cuando puedas darte una vuelta, saludos.

http://lamoradadelospensamientosmuertos.blogspot.com/